domingo, 11 de octubre de 2009

“REFLEXIÓN INTEMPESTIVA”

[…] Existe, digamos, y “persiste” en algunos ámbitos y para algunos intelectuales adogmáticos, una rama de la Filosofía que los antiguos llamaban “Filosofía Práctica” que se dedicaba a los asuntos “éticos” (lo concerniente a las acciones humanas, su clasificación y análisis) y una actual disciplina vinculada a la “Ética” llamada “Bioética” dedicada, especialmente, a los asuntos vinculados al cuidado de la vida del individuo humano y su supervivencia.


Aunque el pensamiento divague por tiempos y espacios remotos, el responsable de elegir el texto de la portada de este sitio es un persona que vive en la “Argentina”, y, más precisamente, en la Ciudad “Autónoma” de Buenos Aires –islotes aparentes en medio de un “Mundo” que está mejor o peor que ella –depende desde donde se lo mira, tanto geográficamente como en razón de la perspectiva que se escoja para la valoración. Pero, en esta Argentina, ¡cuánta nostalgia de un pasado que pudo ser!… “Argentina” se presenta, no sólo a “los de adentro”, como una complicada realidad. Y, en ella “la Ciudad” se presenta como una isla pequeña (aunque creída “poderosa”) en medio de una mayor, y parece que no hay mucho más… La consideración espacial se complica al pretenderla delimitar. En cuanto a lo temporal… estamos en Julio del año 2009… en un Estado sin “constitución” de hecho; un Gobierno sin Plan (a menos que se considere la “política coyuntural” o, ni siquiera eso, ocasional como un plan); una “oposición política” que no se sabe aun si puede oficiar de más que eso en sentido puramente nominal, y que ni siquiera sabe con precisión qué significa eso de “oponerse”, en el sentido político concreto, práctico, democrático... La mayoría de los “políticos” no de oficio sino de antojo o “a dedo” constituidos –algunos con algunas ideas, pero un tanto abstractas y “grandes proyectos”, pero condenados a ser inaplicables en la realidad… Este “sistema” está viciado: hay situaciones que vuelven a repetirse y otras que deberían ser y no se dan jamás. Una y otra vez queda de manifiesto que, tristemente, una elección vale más que la vida y la salud de “la gente” –ya no nos debería asombrar! (lo pero es eso, que ya no nos debería asombrar). Cualquier cosa vale la pena sacrificar con tal de obtener más y más… votos para cualquier cargo, voz en el Congreso, poder en el Gobierno o en donde sea, dinero a cualquier cuesta, y privilegios, sean para lo que sean, no importa demasiado, pero privilegios, y comodidades y la posibilidad de asegurar, en la medida de lo posible, un poco el futuro, como sea; pues los cargos caducan, aunque se reciclan…


En las últimas semanas ha surgido un “signo” extraordinario más de nuestra “decadencia”: el de la “GripeA” (o “H1N1” –como se la llama, por su referencia genética, la misma que, según dicen, es llamada la “gripe española” por haber hecho de lo suyo en esa tierra en el año 1918!). A partir de este “signo vigente y alarmante”, la gente comenzó a “reflexionar”, o simplemente a tomar medidas, preventivas contra el posible contagio de un “virus”, y… siempre lo mismo: la “prevención panicosa” en vez de una “prevención” de verdad para “pre” (antes) “vencer” (impedir que advenga) el “virus”, no contrayéndolo! Parece una cosa no del todo “normal”. En efecto, el “virus Influenza” no se generó hace dos meses o desde la madrugada del 29, o el 30 de Junio… Hay tantas “pestes” aun vivas en nuestro país que se llevan un número de existencias humanas sorprendentes! Chagas, Dengue, Gripe Aviar (H5N1, también del género de Influenzavirus A; que amenazó ya con Pandemia en el 2007-2008), para citar nomás algunas. Y es que, además de las condiciones “globales”, es decir, las concernientes al “ecosistema”, hay responsabilidad Nacional y personal! A ver… Del “recalentamiento global” se acusa a los Estados Unidos, pero de las pestes… pensemos más ampliamente y no nos vayamos tan lejos (aunque tal vez debamos al hacer un análisis global): la responsabilidad es compartida! “Nacional” (quiero decir, gubernamental) y “personal”. Pues, por un lado, han cambiado los intereses de los políticos (¿han cambiado?); y, por otro lado, de nuestra gente ha cambiado la alimentación (de la clase baja hasta la alta, mucho carbohidratos, mucha comida-chatarra y muy poca nutrición! Créanme que las cifras son notablemente análogas), el cuidado de la higiene (la gente no se lava las manos), ni siquiera se atiende a las “buenas costumbres” bostezar, estornudar, toser “para abajo”, tapándose la boca, etc. Lo más triste de todo esto es que, en muy poco tiempo, esto se vuelva “anécdota” y no “una lección” (con o sin fundamento) y la gente pierda el sentido de “prevención e higiene personal permanente”, de posibilidad-de-contagio de algún virus o contraer tal o cual “enfermedad”, sea el que sea, siempre supongo que habrá alguna de turno, pues, en nuestro País, hay siempre pestes vigentes!


Si los filósofos no prestamos atención y reflexión acerca de “la realidad en su conjunto”, tal como se nos presenta a nuestra vista actual, “en nuestro mundo”, “en nuestra cotidianeidad”, nuestro oficio no está siendo más que el de una “enciclopedia” y nada más –útil, puede ser, pero no integral. Por eso, quienes queramos contribuir a ser levadura para una “filosofía nueva” no podemos dejarnos mucho tiempo estar. Y debemos hacer de nuestras “elevadas disquisiciones antropológicas” sencillos consejos humanos para salvaguardar la existencia y la calidad de vida que en ella se dan, y no solo me refiero a un “plan de sanidad físico”, sino también a un “plan de sanidad mental”, psicológico y social –puesto que según la definición de salud del Prólogo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (2006), “salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. En Argentina, desde donde escribo, y sufro ante una realidad que supera a la ficción y linda con el chiste, no hay sólo enfermedades sino otros “males” que nos llevan a otros… y así la cadena se hace larga.


Por ejemplo, nadie puede negar que uno de los males más graves de nuestro tiempo es “la mediocridad”, que ha infectado ya todos los ámbitos de la existencia social. Quien manda o tiene poder hace un uso de él despótico, demagógico (esto hay mucho por estas tierras: “democracia aparente” en auténticas “dictaduras”) o directamente personal. Y quienes deben ambicionar “ser” más, “hacer mejor”; se conforman con “tener más”… Por otro lado, quienes “son” mandados, no se quedan atrás; muchos están al acecho, y otros, no aspiran más que al quietismo –otra forma, y tremenda, de mediocridad. No sólo el oportunismo es una forma de mediocridad, sino que también el que no hace las cosas de la mejor manera de que es capaz, sea cual sea la paga contribuye al entramado de mediocridad universal y se suma a la lista de “existencias neutras”. Nada cambia si no se pone para cada cosa la dedicación que nos hace dignos de la respiración. La tranquilidad de ánimo que da el “hacer todo lo posible y mejor” para cambiar es intransferible.


En lo “intelectual” o “discursivo” tenemos de continuo que escuchar o leer “falacias” (que no es una mentira como algunos dicen sino un argumento psicológicamente persuasivo, por sus componentes psicológicos y emotivos, pero lógicamente incorrecto!). La falacia o los recursos falaces se han vuelto la forma habitual de expresión, y no sólo los políticos, publicistas y Mass Media nos inventan “cuentos”; la gente vulgar aprendió a dar! –asimiló el arte de tanto recibir! La gente inventa su propia historia y se construye vidas o imagenes irreales, de fantasía, de deseo… –sirviéndose de los mecanismos psíquicos del que dispone su sistema mental más primario; y así niega, transfiere o proyecta, racionaliza, entre otras cosas. Curioso es que una de las falacias más usadas últimamente, es la de “causa falsa”, que se piensa, pronuncia o escribe cuando alguien le atribuye a un hecho una causa que no es la verdadera (pero que le va o conviene, o a la única que se puede llegar por su capacidad o “mecanismos” intelectuales) o cuando se la confunde por su secuencialidad temporal; es decir, por su cercanía o lejanía, según el caso, con la causa última o principal –y esta a cuántos ayuda a engañar y engañarse! Digámoslo con sencillez: hay “una mayoría” entre nuestra gente que es muy vaga y no quiere tan siquiera pensar! No quieren saber! No tienen coraje para enfrentar la realidad, ni la grande ni la propia: estamos incapacitándonos para la verdad, y esto es, a lo menos, triste, muy triste.


Por eso será que también “la hipocresía” está a la orden del día; pues una cosa llama a la otra, como si estuviésemos en una maldita cadena de fatalidades! “La única constante en el universo es que todos mienten. La única variable es acerca de qué” –reza una Serie televisiva actual norteamericana, y da a pensar en su verdad… Todo parece ser apariencia y, para muchos, aparentar; a veces, no queda otra que pensar que todo es diferente, que todos piensan “lo otro” –por eso, mejor no pensar qué piensan los demás, porque es muy posible que no acertemos; porque la palabra, la honestidad, la autenticidad y la integridad, hoy, están enfermas, al menos gravemente, en esta parte del Globo.


La inconciencia y el desatino le ganan continuamente por goleada a la cordura y a la precaución. El despilfarro de tantos y el desinterés de muchos, y ese “maldito aparentar”, no ayudan a construir un corazón noble, y mucho menos una noble Nación, sino que, cada vez, nos convierte en más egoístas y nos encamina a estropearlo todo. Porque cuando el valor fundamental es “salvarse uno”, entonces, el resto pierde! –no hay que ser gran pensador para deducirlo; si yo tengo de más, alguien tiene de menos! (parece idiota pero es verdad; si muchos tienen de sobra, ¿es muy descabellado pensar que algo anda mal?).


Y, para peor de males, abunda “el hambre” de verdad, “el desempleo”, “la falta de posibilidades”, de “metas y perspectivas y motivos” reales para incentivar a la juventud, la falta de “justicia” de todos, incluso de los que la piden –todos, en cierta medida, delinquen o fallan, incluso los que van a denunciar! Lo que abunda es la falta de igualdad para muchos, y la mentira de la existencia de la libertad de expresión! No es precisamente el reconocimiento y el premio el que sigue al decir la verdad (o lo que uno cree que es ella), ni siquiera de la mejor manera –si aquella los puede afectar en algo, aunque sea en su imagen.


Y para peor de mal, las más extravagantes fobias y el pánico conviven, sin problemas, con la locura del no sopesar las consecuencias de cada una de nuestras acciones (que las hacemos como si ellas no tuviesen ninguna consecuencia sobre los demás!)… “No pasa nada”, dicen algunos; y otros tan siquiera pueden salir a la calle, pues una de las fobias argentinas fundamentales, según expertos, es la “agorafobia” –la fobia a estar en “otros ambientes”, “con otros”, “en otro lugar rodeado de otros”. En efecto, gran cantidad de nuestra gente adquirió fobia a estar con los demás y a decir la verdad! ¿Para qué “ir a” o “estar con” si no los podremos engañar y tendremos que, llegado el caso, hablar seriamente y mostrar “nuestra verdad”? No, no, no. Por eso, muchos eligen sobrevolar la periferia y la frivolidad. Las “mentiras piadosas”, que abundan entre “los más santos”, ya no son como las de antes… son una forma legítima y aceptada de “comunicarse” ocultando la verdad, por hábito y hasta con absoluta naturalidad –se miente “por precaución”, por las dudas, por cualquier cosa, y se acepta y establece una manera falsa de hablar, de comunicarse, de ocultarse! O ese otro gran mal que es la crítica u opinión no pedida y que muchos sienten la necesidad de expresar, como si fuese un deber, como si se tratarse de una palabra redentora o útil o con algún tipo de poder más allá de su natural potencial destructor cuando no sin sentido (¿no se harta este País de tanta habla?! Todos siempre tienen algo para decir, aunque no sepan de qué se trata!).


No se puede mucho más aguantar en una sociedad donde parece que la mentira es la moneda principal con la que se realizan los intercambios sociales, es decir, las relaciones con los demás. “No se puede servir a dos señores”, dijo El Profeta. Es hora de comenzar por “nuestro pequeño mundo” y nuestra cotidianeidad a transformar las cosas si no no habrá un cambio jamás. No puede ser que si decimos la verdad las relaciones se quiebren, y que no haya posibilidad de sobrevivir “en sociedad”, y menos en nuestra Argentina, si se dice (y trata de vivir en) la verdad. Por eso, el desafío que se nos presenta, a todos, debemos asumirlo sin miramientos, con valentía y radicalidad.


Tenemos que tomarnos la vida, la del otro y la nuestra, en serio; y comenzar por “dejar de mentir” y luego, poco a poco, a decir la verdad. ¿Alguno tiene miedo de quedarse solo? Que siga siendo, entonces, hijo del mítico “Satanás”… –quien, si no existe, lo inventaron ya los hombres con su mal: con su egoísmo, con su idiotez, con su enfermedad, pues el hombre parece que es el único “un animal enfermizo”, que tiende a la enfermedad… y no a la previsible y necesaria autoconservación de un modo serio y permanente, de acuerdo a como se esperaría de él, dadas las circunstancias de su “evolución cerebral” alcanzada. ¿No es esto verdaderamente una paradoja en la que tal vez debamos pensar?


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